12 de Octubre, una fecha ‘feroz’

Hispanidad

El pueblo africano tiene un proverbio tan hermoso como propicio para estos días en los que el mundo parece incapaz de concordar acerca de una efeméride, la del 12 de Octubre: “Mientras los hombres escriban la historia, los cuentos de caza siempre glorificarán al cazador”.

Es bueno traerlo a colación, porque ciertamente  la historia la escribe quien puede y en no pocas ocasiones, como quiere, lo que ha dejado caer sobre muchos acontecimientos pasados un consabido y necesario cuestionamiento. Sin embargo, el grueso de lo inmortalizado en los libracos goza de  un halo de aprobación suficiente como para permitirnos el arte de la convivencia. Si de buenas a primeras todos discutiésemos toda la historia, valga la redundancia, de seguro ya no habría humanidad.

¿Por qué, entonces, nadie ha podido ponerse de acuerdo con respecto a este día que parece más maldito que el propio martes 13?

Obviamente, los hechos dan para revocar la referencia como Día de la Raza,  pero qué pasa con Encuentro de Dos Mundos,  Día de la Resistencia Indígena o de la Hispanidad… La respuesta unánime es que  ninguno de esos nombres se ajusta cabalmente al hecho mencionado y por ende  la efeméride perdió su esencia para constituirse en una nueva forma de ‘no tolerar’.

Este año, el jugueteo de las redes sociales ha hecho de las suyas una vez más, dejando evidencia clara del  mayúsculo desencuentro: “No hubo resistencia por parte de los indígenas como para dedicar esta fecha a tal acontecimiento”; “fuimos invadidos por gente de diferente nacionalidad, lo cual echaría por tierra el Día de la Hispanidad”; “no se encontraron felizmente Dos Mundos como para denotar esta casualidad”; “no podemos bautizar Día de la Raza al avistamiento  de un grupo de humanos por parte de  otros humanos”… Hasta parece preferible, en nombre de la paz, eliminar el recordatorio.

No se trata de quitarle su lógica y plena razón al rechazo engendrado por lo que sucedió a partir de ese día, pero  hay que reconocer que muchos de los que cada 12 de octubre se rasgan las vestiduras por aquella atrocidad, evitan en su vida diaria fogosos saludos con personas de diferente rasgo facial.

Seamos sinceros. No son pocas las  historias de latinos que detestan a otros latinos. Hoy el racismo en el continente que sufrió la tragedia de una despiadada invasión, es tan vivo como el que demostraron hace 500 años los colonizadores, es decir, no hemos aprendido nada. Mal podemos entonces señalar a los  Europeos que no soportan a otros europeos, o a los  Norteños que esperan silentes la hora en que Trump levante el prometido muro.

Puntualicemos, quienes quieran redimir la memoria indígena  ―con toda razón―  deberán hacerlo pero honestamente, con seriedad, arrancando de raíz las hebras divisionistas, sectaristas,  racistas con las que fueron tejidos.

Hagamos un pequeño ejercicio. Si el lector durante sus paseos sabatinos encuentra un nuevo y asombroso rincón en la ciudad, estará en todo su derecho de llegar a casa y exclamar:”Acabo de descubrir un lugar único”, sin salirse de la realidad, aún cuando en su afán de escudriñarlo lo haya despedazado. Solo que al día siguiente mientras unos recordarán que este hombre encontró un nuevo espacio en tanto que otros comentarán cómo acabó con el lugar. ¿Les recuerda algo esta situación?

La cosa es, pues, que estamos obligados a opinar,  dialogar y  concordar, única forma de cambiar las estructuras de esta humanidad,  porque a fin de cuentas,  ‘mientras sobreviva una sola idea colonialista, los hechos ocurridos  aquel 12 de octubre siempre glorificarán a Colón’.

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