Con Betsayda Machado… ¡Quien no tiene ritmo lo encuentra!

Betsayda Machado en el epicentro de la  parranda  que armó con su grupo en el parque Trinity Bellwoods de Toronto
Betsayda Machado en el epicentro de la parranda que armó con su grupo en el parque Trinity Bellwoods de Toronto

Betsayda Machado y ¨La Parranda El Clavo se encuentran de gira en Canadá con su espectáculo “A caballo nos vamos pal Norte”, con presentaciones en London, Kitchener, Toronto, Perth, Vancouver y Calgary, del 7 al 24 de julio.

Nacida en El Clavo, un pequeño pueblo en el Estado Miranda en Venezuela, fue merecedora del premio “Voz Negra de Barlovento” en el año 1993, al mismo tiempo que se integra al grupo musical “Vasallos de Venezuela”. Ella es hoy en día una de las exponentes más representativas de la música tradicional venezolana, siendo los ritmos ‘afrovenezolanos’ con los que mejor consigue maravillar al público dentro y fuera de Venezuela.

Tenemos el gusto de entrevistarla en el marco del concierto en Lula Lounge pautado para el día 13 de Julio en la ciudad de Toronto.

Mientras conversamos Betsayda, arroja el nombre de íconos de la música venezolana, como quien nombra a los vecinos de la misma calle: Francisco Pacheco, El Cuarteto, Vasallos del Sol, Miguel Delgado Estévez, César Orozco, Nancy Toro, Cecilia Todd, Toña Granados, y otros tantos como César Miguel Rondón.

TE.-Háblanos un poco de tus inicios como cantante de música tradicional

B.M.- Yo llegué a los talleres de cultura popular de la Fundación Bigott y desde ese momento pasé a formar parte del grupo “Los Vasallos del Sol”, que acaba de cumplir 25 años. Me formé en estos talleres y tuve el privilegio de recibir clases de los grandes de la música venezolana: Francisco Pacheco, de Un Solo Pueblo, fue mi maestro de Cantos de Sirena; Ismael Querales nos impartió talleres de maraca y bandola; Iván García, clases de técnica vocal… Yo podía tomar cursos de percusión, teoría y lectura musical… eran talleres de mucha calidad.

Luego de 23 años con los “Vasallos del Sol”, decidimos separarnos de la fundación porque no se estaba logrando el rendimiento que esperábamos. Es allí donde cambiamos el nombre por “Vasallos de Venezuela”.

De la música no se vive en Venezuela…

B.M.- Mi papá –quien era trompetista– siempre me decía que debía estudiar una carrera porque de la música no se vivía. Yo le seguí los pasos a mi hermana Nereida (también integrante del grupo), quien había empezado en la fundación y estaba estudiando administración. Entro a los talleres de cultura popular y también empiezo a trabajar en el área de oficina, en el centro de documentación, donde me desempeñé durante siete años. La fundación para ese momento no contaba con biblioteca y a mí me tocó revisar todo el material acerca de los distintos ritmos, fiestas, tradiciones de toda Venezuela.. Yo hasta ese momento sólo conocía sobre Barlovento, pero allí aprendí, por ejemplo, que existían distintos joropos en Margarita, llanero, y son muy diferentes…

Cuando a la fundación le quitan la sede y se tiene que mudar a Petare yo tengo que buscar trabajo y empecé en la línea de buses Peli Express en el año 2001. En ese momento, ya había recibido mi título de Técnico Superior Universitario en Administración y tenía toda la intención de ayudar con la parte administrativa, pero terminé haciendo de todo: recibía encomiendas, despachaba buses, hacía boletería,… ¡hasta fui bus moza! Lo que me faltó fue fumigar los autobuses (risas). Haber trabajado ahí me alejó de muchos proyectos musicales porque siempre estaba ocupada.

Un gran amigo, Luis Carlos Gutiérrez, me pidió que grabara un disco de Navidad pero yo no podía, me decía: «¡Tú eres una artista!, ¿qué haces trabajando aquí?, ¡no te voy a perdonar que no grabes este disco!». Ese año él murió y yo nunca pude grabar el disco. Esto me hizo pensar que me estaba alejando de lo que realmente era: una cantante.

Betsayda Machado y La Parranda El Clavo en Toronto

TE.- Te hemos oído y visto compartiendo escenario con diversos grupos musicales ¿Cuándo comienzas a incursionar como solista?

B.M.- Hubo un evento en particular en el Teresa Carreño, dirigido por Federico Pacanins, que me dio la oportunidad de incursionar como bolerista (risas). En esa oportunidad me pidieron que preparara una pieza solita y escogí “Ansiedad”, de Chelique Sarabia. El día del concierto –por cosas del destino– el cuatrista no pudo asistir y lo sustituyó César Orozco al piano. Termino la presentación y me voy del escenario, yo tengo la mala costumbre de irme de una vez, pero en esa oportunidad la receptividad fue tan grande y gustó tanto, que los organizadores me dijeron: «¡Epa! regrésese y venga a recibir sus aplausos que esa gente está loca ahí afuera… mire a ver qué va a hacer…» (risas).

A raíz de esto, grabamos el disco  Ébano y marfil. Pienso que mi despegue como solista fue a raíz de ese disco, que además llegó de la mano del gran César Miguel Rondón. Mi siguiente proyecto como solista y protagonista fue el musical “En la vida hay amores”, de César Miguel. Tuvimos mucho éxito y perdí la cuenta de cuantas presentaciones. Durante este proyecto conozco a Juan Souki, quien a su vez estuvo participando en la realización de los volúmenes 1 y 2 de “El Libro de la Salsa”, y me invitaron a participar en el volumen 2.

Un antes y un después

B.M.- Luego de conocerme, Juan Souki me dice un día: «Yo quiero hacer algo contigo, ¿qué me ofreces?».

Hasta ese momento, yo no había precisado realmente qué quería hacer. Le dije que lo llevaría a mi pueblo natal para que viera lo que nosotros hacemos en El Clavo, todos los primero de enero de cada año, desde hace más de 30 años. No te había dicho pero también tengo un grupo con mis hermanas que se llama “Betsayda Machado y su Clavo y Canela”. Somos ocho mujeres y tres varones de mamá y papá, y en total somos quince hermanos si sumamos otros cuatro por parte de mi papá. ¡Imagínate!, solos armábamos una parranda en la casa de mi mamá.

Llevé a Juan y a su equipo de Imaginario, un 12 de Junio del 2015, y mira dónde estamos a menos de un año: ya grabamos un disco con nueve piezas (Imaginarios de Venezuela, 2015) y estamos realizando este tour en Canadá.

La receptividad en el Sun Fest fue muy buena. Pusimos a bailar a todo el público: los orientales, los canadienses… estaban contentos, y se quedaron allí porque les gustamos, sino se hubieran ido a otro escenario y listo.

Este proyecto ha sido positivo para el pueblo, para el grupo. Si tú ves el video que hicimos, ves a los niños con su tambor, ellos desde que nacen ya llevan el tambor bajo el brazo (risas).

Hemos tenido que ir poniendo disciplina con el grupo, porque ellos nunca habían tocado fuera de El Clavo, y estaban acostumbrados a hacerlo en medio de las parrandas, sin límites. Les he tenido que explicar que en las presentaciones no se pueden volver locos, que hay tiempos para terminar la presentación, porque no nos van a invitar más (risas).

Betsayda Machado y La Parranda El Clavo en Toronto

Tradición vs Modernidad

TE.- ¿Cómo logras transitar por el mundo de la música venezolana compartiendo escenario con este grupo, con sus instrumentos y ritmos tradicionales, y grabar luego junto a Aquiles Báez un disco como San Miguel (Guataca Producciones, 2015), lleno de nuevas propuestas y fusiones?

B.M.- La Parranda El Clavo es la gente con la que comencé, es como mi familia, ahora, yo igual estoy cómoda cantando junto a Aquiles, además acuérdate que él antes de ser guitarrista fue percusionista.

Para mí es un reto ver a Adolfo Herrera, quien además es un baterista “duro”, tocar este repertorio nuestro con su batería. Yo le echaba broma y le decía: «Cónchale Adolfo, ¡qué spinning ni que spinning, vas a sacar batata haciendo mina en esa batería!».

El reto no es mío, es de “ellos” (risas). Ellos se metieron en mi terreno, yo estoy cómoda (risas). Ellos tenían que ver cómo llevar el tambor culo e´puya o un quitiplás a la batería (risas). El tambor de mina es laure, es boca y es curbata, ¡o sea, no es fácil! Es una batería de tres que Adolfo tiene que llevar a una sola batería, su juguete. El mismo Aquiles tiene que hacer un tambor de Guatire pero lo hace con cuerdas. El disco San Miguel es bellísimo y tiene un espíritu muy especial. Lo hicimos en una Semana Santa y estaba todo dado para que fluyera. No nos sentamos a escoger el repertorio en sí, sino que nos encontramos luego de ir a Bilbao (Festival EXIB 2014), y sólo ajustamos cómo iba a empezar y finalizar.

TE.- ¿Qué esperas de Venezuela?

B.M.- Tenemos esperanza en que a raíz de estos viajes se pueda construir una sede para enseñar música tradicional a los niños, y reforzarles la idea de que la música puede ser una fuente de ingreso para vivir. Alejar a los niños de la droga. Enseñarles su música. Yo no estoy en desacuerdo con las fusiones de música. No hay neofolclore, el folclore está siempre ahí, no se debe echar la vista atrás a nuestras raíces.

Los jóvenes deberían aprender nuestra música y danza tradicional primero y ya luego irse a los nuevos ritmos. El que aprenda salsa casino, también debería aprender el tamunangue, donde las coreografías son tan fuertes como las de la salsa casino. Debemos empezar por nuestras costumbres. Participar en las celebraciones tradicionales, San Juan Bautista, Cruz de Mayo… será porque yo me crié con eso, pero es parte de nuestra cultura y hay que vivirla. Esa proximidad con mis raíces es lo que me ha permitido viajar y estar con gente que valora nuestra música.

TE.- ¿Qué mensaje entregas a los venezolanos a través de estos conciertos?

B.M.- Para aquel venezolano que vive aquí y que nunca supo que el tambor no es simplemente tambor, es bueno que sepa que hay muchos tipos, y que no es sólo moverse y ya. Hay muchos bailes y ritmos.

En Caracas no hay fiesta donde los clarines y el cumaco no repiquen, porque el tambor de San Millán es uno de los más conocidos ya que es muy frenético a nivel de cintura. El cumaco hace la base del tambor y el clarín es el solista, pero no son los únicos.

Teníamos que traer una muestra de cada uno y sólo parte de los integrantes y no es fácil, porque ¡el grupo original es todo el pueblo! (risas).

 

Betsayda Machado, Asterio Betancourt (fundador, Coro,Tumbadora, Quitiplá y Cumaco), Adrian Gómez (voz solista, Pujao, Cumaco, Paila, Quitiplá), Blanca Castillo (Furruco, Laures, Coro), Nereida Machado (Charrasca, Laures y Coro), Nelson Gómez (Cumaco, Paila, Cruzado, Coro), Oscar Ruiz (voz solista, Tambora), Youse Cardozo (Tumbadora, Paila, Quitiplá, Cumaco, Corrido y Coro)

Integrantes del grupo: Betsayda Machado, Asterio Betancourt (fundador, Coro,Tumbadora, Quitiplá y Cumaco), Adrian Gómez (voz solista, Pujao, Cumaco, Paila, Quitiplá), Blanca Castillo (Furruco, Laures, Coro), Nereida Machado (Charrasca, Laures y Coro), Nelson Gómez (Cumaco, Paila, Cruzado, Coro), Oscar Ruiz (voz solista, Tambora), Youse Cardozo (Tumbadora, Paila, Quitiplá, Cumaco, Corrido y Coro). Grupo Imaginario de Venezuela (Juan Souki, Daniela Garcia, Manuel y Juan Carlos Jimenez) y Rebecca Sarfatti de Venezolanos en Toronto  y algunos integrantes de Sentir Venezuela. 

 

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