El Día de Muertos, más vivo que nunca

Altar de Ivette Astorga con papel picado traído de México, fotografías de sus antepasados, muñecas de Oaxaca, comida, flores, velas, rosario, una máscara del diablo representando el origen azteca de la tradición y bebidas típicas mexicanas, como el tequila o el Mezcal.
Altar de Ivette Astorga con papel picado traído de México, fotografías de sus antepasados, muñecas de Oaxaca, comida, flores, velas, rosario, una máscara del diablo representando el origen azteca de la tradición y bebidas típicas mexicanas, como el tequila o el Mezcal.

Cuando Melisa Luebbert se levantó a por un vaso de agua en mitad de la noche y descubrió una vela iluminando el rostro de su exnovio Luis, fallecido a los 31 años, después de haber apagado todas las luces del altar antes de acostarse, no se asustó. Tampoco le atemorizó presenciar en otra ocasión cómo el papel picado de su ofrenda se agitaba durante cinco minutos a pesar de tener todas las ventanas cerradas. Sus ‘muertitos’ habían venido a visitarle.

Melissa

Melisa, oriunda de Tecámac –a 90 kilómetros de México D.F.- y con un entendimiento de la muerte puramente rulfiano, es una de las pocas que conmemora el Día de Muertos en Toronto de manera tradicional. Aunque las celebraciones de Harbourfront, Casa MaízEvergreen ganan popularidad cada año, no todos se animan a recibir a sus antepasados en casa.

En los cuatro años que lleva viviendo sola en Canadá, Melisa ha aprovechado cada viaje a su tierra natal para traer nuevos adornos con los que honrar a sus ancestros. Ahora, a las imprescindibles fotografías de los difuntos se suman las catrinas y calaveras que representan a la muerte, una vela por cada alma y papel picado como vínculo entre la vida y la muerte, entre otros elementos. Durante los días uno y dos de noviembre, añade los alimentos y trago favoritos de los difuntos además de un vaso de agua porque, según Melisa, “vienen con mucha sed del ‘más allá’”.

“Son los dos únicos días que puedo estar con ellos, por eso es una fiesta, no un luto”, explica con emoción. Para animar a más mexicanos a mantener viva la tradición en Toronto, Melisa ha organizado este año el primer concurso de altares caseros a través de su muro de Facebook.

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“Celebramos nuestras raíces, de las que me siento muy orgullosa”

Mientras miles de torontonianos relacionan Halloween con el terror, los mexicanos festejan el Día de Muertos desde el amor, la alegría y la historia. “Es una conexión con mis antepasados. Celebramos de dónde venimos, de lo que estoy muy orgullosa”, cuenta Ivette Astorga, otra mexicana que se mudó hace cuatro años a Toronto con todo lo necesario en la maleta para prolongar la tradición.

Ivette Astorga brida por sus muertitos

Aunque Ivette no ha sentido ninguna presencia sobrenatural, experimenta una fuerte conexión emocional con su suegro y especialmente con todas las mujeres de su familia, pasando por su tatarabuela, bisabuela, tía-bisabuela y abuela. “Me gusta recordarlas porque fueron mujeres muy fuertes. Todas hicieron carrera de maestra, lo cual era muy difícil en aquella época en México”, narra. Por eso, su altar cuenta con una pila de libros además de tres preciosas muñecas de Oaxaca, una botella de mezcal, otra de tequila y más elementos tradicionales. Un rosario católico contrasta con una máscara de diablo artesanal que recuerda los orígenes aztecas del ritual, más tarde cristianizado con la llegada de los españoles.

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El Día de Muertos es una tradición que mantiene la mujer, encargada de cocinar y preparar el altar durante siglos. “Antiguamente las mujeres se juntaban para cocinar durante toda la semana anterior. Luego visitaban las casas de amigos y vecinos para compartir los platillos y recordar a sus muertos”, recuerda Ivette, orgullosa de su historia.

Entre una marabunta de zombies de plástico, calabazas y sangre falsa, la vida y la muerte comparten tequila en los altares mexicanos, donde  “… me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz”, (Juan Rulfo).

Melissa

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