Más allá de los colores de Algonquin

Fall colours

Guided by Wolf o ‘Guiado por Lobos’ (nombre aborigen de William) sorbe un potingue de verduras cargado de mantequilla un sábado a medianoche en The Arlington, el único hostal a las afueras del parque provincial de Algonquin (Ontario). Lo come directamente de la sartén, ayudándose con un cuchillo de caza. Su poblada cabellera blanca le llega a las caderas en una trenza. Saborea su cena y nos mira como ha mirado a tantos otros. No somos más que una panda de ‘leafers’.

Todo buen residente de Ontario ha sido ‘leafer’ al menos una vez en la vida. Así llaman los oriundos a los que, entre finales de septiembre y principios de octubre, llegan para contemplar más de 7.600 kilómetros de bosque de coníferas y caducifolios pintados de rojo, amarillo, naranja y verde.

Al ‘leafer’ de raza pura se le distingue por presentase en escena con lo esencial: iPhone 6 Plus, palo selfie y una maleta repleta de la última colección otoño-invierno, zapatos de tacón y maquillaje incluidos. Se caracterizan por enturbiar el aire fresco de Algonquin con su ansia por conseguir más de 50 likes en Facebook.  También existe la variedad del ‘leafer’ intrépido, más afable y empático con el entorno natural. Esta especie suele asentarse en campings con equipaje de alta montaña que bien serviría para subir un 5.000.

Pero vayamos a lo interesante. “La carne de alce está buenísima, pero la de oso no suele gustar a la gente. Cuando lo despellejas se parece bastante a un humano y eso genera ciertos reparos“, cuenta Guided by Wolf, que es cualquier cosa menos un ‘leafer’. Aunque de origen británico, fue ‘adoptado’ hace más de  por una familia nativa y conoce bien la naturaleza de la zona. “Los animales entienden perfectamente cuál es la zona turística y son conscientes de que tienen que comportarse bien. Al norte, en su territorio, no hay reglas”, cuenta con una sonrisa pícara.  Guided by Wolf nos ayuda a abrir los ojos: No somos nosotros los que nos adentramos en el bosque a ver a un alce dándose una vuelta, si no que es el alce el que nos ve, tranquilo, dar vueltas en el bosque.

Los populares alces, osos y castores no son los únicos habitantes del Algonquin. Guided by Wolf asegura que la zona de difícil acceso del parque está poblada por ‘colonizadores’ con inmensos cottages, como por nativos americanos viviendo en cuevas y utilizando los lagos como vía de transporte.

Además de vertebrados, en Algonquin también se pueden encontrar tortugas, serpientes, plantas carnívoras, gran variedad de flores salvajes y setas y, por supuesto, más de 1.500 lagos con ricos y complejos ecosistemas.

Algonquin

Sin embargo, es difícil acercarse a la realidad del parque sin abandonar los senderos que aparecen en el mapa de información turística. Para ver más allá de los colores de Algonquin, es necesario abrazar la aventura e irse al norte.

La próxima vez que visitemos Algonquin ya no podrán llamarnos ‘leafers’.

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