¡Ó Mundo de Mariza!

Mariza

Rotundo, soberbio, universal. Mariza transformó el Massey Hall en su apasionado Mundo el pasado 26 de octubre, invitando a miles de torontonianos a entender y experimentar la vida a través del fado.

Su nuevo álbum Mundo, una inmersión en el universo de Mariza, se estrena después de cinco años sin grabar y tras haber vendido un millón de discos. La gira ha contado con ocho conciertos en Norteamérica, uno de ellos en Toronto y otro en Montreal. “Tuve un hijo y me casé. En ese orden”, explicó la fadista sobre el escenario, bromeando.

La reina del fado se subió al escenario con un imponente vestido negro, alumbrada por un solo foco, comenzando a capela. Empezó como quien dice una verdad sabiendo que puede doler pero que a menudo, en el dolor se encuentra el mayor de los placeres.

Mariza

Tras interpretar tres canciones melancólicas y dramáticas, Mariza regresó vestida de rojo para explorar distintas vertientes de fado, como en Paixãofusionado con ritmos africanos y latinos, con música criolla e incluso canciones en inglés con influencia del pop anglosajón.

Sin embargo, a Mariza le costó que el público canadiense expresara emoción. “Un buen concierto lo hace el público. Necesito recibir para poder dar”, dijo, con carácter. Desde ese momento, la audiencia, pasiva al principio, fue evolucionando a lo largo de las dos horas de concierto alcanzando la euforia en el penúltimo y esperado fado  Oh gente da minha terra.

Mariza

Raíces latinas e influencia española

Su abuelo vivió 36 años en Venezuela y su padre hablaba español. De ellos heredó la “obligación” de cantar en su lengua. Mundo incluye Caprichosa, un tango de Carlos Gardel, y Alma, compuesta por el productor de este último álbum, el español ganador de 8 Grammys Javier Limón.

“Durante todos estos años he tenido la oportunidad de conocer el mundo y darme cuenta de que cada uno de vosotros sois parte de él”, dijo la fadista.

Como una pasión que está a punto de estallar y a punto de apagarse, una voz que juguetea con máximos y mínimos, sonidos y silencios, el concierto de Mariza transcurrió durante dos horas involucrando al público y demostrando que, cuando ella canta, el fado no tiene fronteras.

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