Por galaxias desconocidas con Sigur Rós

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Como viajar a bordo de una nave espacial y divisar planetas nunca antes vistos. Así podría describirse el concierto de Sigur Rós en el Massey Hall, ya que si algo controla la banda islandesa es la capacidad de enajenar a su público y exponerlo a un verdadero delirio musical y visual.

El murmullo en la platea y palcos previo a la actuación denotaba calma e incertidumbre: los de Reykjavik nunca han decepcionado, pero esta era la primera gira en la que la actuarían sin teclado, un elemento clave en la banda de 1999 a 2013.

“Como islandés, -un país con tan solo 323.000 habitantes-, me siento orgulloso de ver que un grupo de casa llega tan lejos” decía Thor, emocionado, mientras aguardaba a la aparición de la banda. “Creo que son tan reconocidos en todo el mundo porque te transportan a un estado parecido a la meditación”, añadía.

Y así fue. Abriendo con Óveður, un tema inédito, Sigur Rós sumergió rápidamente al público en su singular universo. La serenidad inicial fue sumando intensidad a lo largo de la primera parte, que contó con fuertes descargas emocionales de la mano de Glósóli o Ný Batterí. La segunda parte arrancó con la banda tocando tras un telón de rejilla metálica y se convirtió en una espiral de sonido ascendente sin apenas tregua que alcanzó su clímax con Popplagið.

Una escenografía inmejorable

Los fuegos artificiales y películas espaciales están pasados de moda si los comparamos con la puesta en escena de los islandeses. Con un show a base de luces LED y proyecciones cinematográficas absorbentes, Sigur Rós tocaba a la vez que gráficos explosivos y rostros gigantes se abalanzaban sobre la audiencia.

Sigur Rós arranca el concierto con Óvedur, un tema inédito.

Sigur Rós empezó el concierto con Óvedur, un tema inédito.

Aunque fueron muy escuetos en su verborrea, con tan solo un “thank you” al final del concierto, un Massey Hall repleto se entregó desde el comienzo con silencios rotundos, emotivos aplausos fuera de guión y una gran ovación final que hizo que la banda regresara a por una segunda ración de vítores y aplausos.

Quizá la supresión del teclado haya reducido la complejidad de su música haciéndola más accesible y descifrable. Sin embargo, cuando hablamos de Sigur Rós, la cantidad de instrumentos no importa. La calidad sigue siendo su bandera. Las galaxias por descubrir han sido y serán siempre incontables.

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