Refugiados, otra prueba a la “humanidad”

Refugiados un drama de la humanidad

Como un hormiguero desesperado ante la pisada fuerte, el pueblo sirio huye. En este momento, es uno de los países más golpeados por la violencia, pero no el único. En realidad el fenómeno de escape semeja un enroque mundial,  imparable  ‘in crescendo’.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), cita que de los sesenta millones de personas que hasta el año pasado se vieron forzadas a abandonar su hogar por situaciones como odio racial, religioso,  guerra o persecución,  20% pidió refugio, lo que se traduce en unos doce millones de dramas personales. No hablemos de dramas familiares, sino individuales, porque  ese estatus implica  un terror íntimo,  un miedo perenne entre pecho y espalda acompañado de otros males.

ACNUR asoma que en promedio 42.500 almas abandonaron sus casas cada día de 2014…’dentro de las fronteras de su país o hacia otros’, sin embargo, por repetidas, las palabras se sobreponen a su significado, evaporando la realidad. Es así que el término refugiado se cuela en nuestra mente apenas como un bosquejo que nos vemos obligados a desnudar: Refugiarse es como arañar la vida, y es muy distinto a una migración, por eso para entenderlo debemos detenernos un momento y darnos tiempo para el ejercicio mental de abandonar todo lo que conocemos como nuestra vida, en apenas un soplo.  Tomar de la mano padres, pareja, hijos, y emprender camino olvidando raíces, afectos cercanos, amigos, bienes. Olvidar la sensación de seguridad, los hábitos,   la taza con la que cada mañana bebemos café,  la estampa con la que tropezamos cada vez que asomamos a la ventana, el retrato junto a la cama…

A tan terrible realidad, Canadá  ha respondido siempre dando ‘refugio’ a aquel que   huye  de su entorno, incluso de sí mismo, sin distingo de bandera o color. Es por esencia la nación que tiende la mano, entonces eso debe asumirse con total conciencia.

El jueves 26 de noviembre, por medio de la ministra de Desarrollo Internacional, Marie-Claude Bibeau,   asignó 76 millones de dólares para asistencia a refugiados sirios y el compromiso de  recibir a través de ACNUR a 25.000 personas en los próximos tres meses, cifra que podría incrementarse a lo largo de 2016. “Esta  es la tradición canadiense, responder con generosidad a las crisis internacionales”, recordó Bibeau, sin el eco  esperado en una parte de la población, mientras la otra ofrecía incluso sus casas para recibirlos. Es comprensible que exista cierto grado de desconfianza con base en el miedo, que  es libre,  irracional y hasta válido, lo que no es válido es supeditar la ética personal a tan nefasto sentimiento.

Las estadísticas, en este punto,  pueden ser de ayuda. Desde el año 2000 se registraron en el país actividades terroristas, pero entre la treintena de personas señaladas no figura ni un solo refugiado. Por otra parte, las instituciones que adelantan los procesos de selección, brazos ejecutores de la ONU, merecen un voto de confianza.

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Hasta el momento Turquía ha recibido casi dos millones de refugiados, Líbano un millón cien, mientras el gobierno de este país y representantes de EEUU ya hicieron sus respectivos anuncios. De todos, razones obvias tiene el último para temer: cargan la sombra del 11-s, pero  el caso nuestro es distinto, de manera que hay que doblegar el miedo.

Ya no hay tiempo para las excusas. Quien no se conmovió observando el empapado cuerpecito de Aylan Kurdi,  de tan solo tres años,  ahogado junto a su familia siria cuando intentaba alcanzar la costa de Turquía, no lo hará con nada, pero hay que entender algo,  “Sálvese quien pueda”,  hoy es  inaceptable.

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