Tomatito: “Para no ser flamenco tendrían que sacarme la sangre de las venas”

Tomatito en Toronto

Cinco Grammys y una vida compartida con Camarón y Paco de Lucía no le han quitado ni una gota de humildad. El guitarrista español José Fernandez Torres (Tomatito) debutó este viernes en el Royal Conservatory of Music con su último álbum Soy Flamenco, transmitiendo su duende a un público que no dudó en vitorear y ponerse en pie para alabar al genio en más de tres ocasiones. Detrás de esta leyenda viva del flamenco, descubrimos a una persona cálida, sencilla y profundamente humana.

Has vendido todas las entradas del concierto. ¿Cómo te hace sentir que venga a verte tanta gente en un lugar tan remoto como Toronto?

Me hace muy feliz porque significa que la gente valora mi música y el flamenco en general. No solo por mi, sino por los grandes que nos abrieron la puerta a tocar por todo el mundo, Paco de Lucía y Camarón.

¿Qué quieres transmitirle al público a través de Soy Flamenco?

No es un título para afirmarme a mí mismo, simplemente es título fácil para mi. Hay gente que rebusca demasiado los nombres de los álbumes… Pero a mi las cosas me gustan naturales. Venía de publicar Sonata Suite, un disco que grabé con la Orquesta Nacional de España por el que me dieron el Grammy, y Spain Again, con Michel Camilo. Llevaba ya mucho tiempo sin grabar flamenco. Por eso decidí llamarlo Soy Flamenco: porque es lo que soy y nunca he dejado de serlo.

¿Cuál es la diferencia entre tocar en España y tocar aquí?

Aquí te sientes muy lejos de casa. Aún así, una vez en el escenario te lo pasas muy bien, ves que la gente goza y eso te hace feliz. Yo siempre salgo con mucha ilusión, sin importar el lugar en el que esté.

¿Cómo empieza el proceso de creación de un álbum?

Yo me meto en casa y voy sacando una alegría, por ejemplo. Cuando la tengo, pienso a qué se parece, puede ser por ejemplo un homenaje a Paco de Lucía. Hubo un tema en el se me ocurrió rescatar la voz de Camarón. Fui a casa de Paco de Lucía en Palma de Mallorca y le dije: “Paco mira, vamos a tocar Camarón ahora como si estuviéramos los tres juntos”. Fue muy emotivo para los dos, parecía que estábamos otra vez los tres juntos.

Sabemos que todo el mundo te pregunta, pero es inevitable… Cuéntanos cómo fue trabajar con Paco de Lucía y Camarón.

No me digas muchas cosas que me emociono.

¿Cuales son las memorias que guardas con más cariño?

Era todo en general. Estar con ellos era una maravilla, era tan natural y me pilló tan de niño que no me he dado cuenta hasta ahora que esos ratos y esas experiencias no van a volver. Como se suele decir: Paco para siempre y Camarón para siempre. 

¿Cuál fue la principal enseñanza que sacaste de tantos años con ellos?

Naturalmente siempre se te pega algo. Pero claro, estamos hablado de dos genios. Están ellos y luego estamos los demás. Ellos abrieron el camino y sentaron los pilares del flamenco a nivel internacional.

TOE_0274-1©Mirna Chacin@TorontoEntero.ca

¿Qué momento vive ahora el flamenco? ¿Hacia dónde irá en los próximos años?

Hay mucha juventud que viene por detrás estudiando flamenco y eso es bueno. No sé hasta qué punto puede cambiar ni cómo. Lo importante es que el legado de Camarón y Paco de Lucía es todavía muy reciente. Que salga ahora otra persona como ellos que mueva esto al mismo nivel es complicado.

¿Podríamos decir que todavía se vive de su influencia?

Exacto, todavía le estamos sacando provecho. Han dejado mucha información, mucho legado para que nosotros hagamos las cosas bien hechas.

A menudo fusionas tu música con otros géneros como el jazz o música brasileña. ¿Veremos algo de esto en el conservatorio?

Sí, también me gustan mucho otros tipos de música. Hoy voy a tocar Our Spanish Love Song, un tema que he rescatado de Charly Haden -contrabajista de jazz estadounidense- que tocaba con el guitarrista Path Metheny. Astor Piazzola también me gusta mucho. Por ejemplo hacemos mención a Oblivion, un tema suyo precioso, y luego rompemos esa melodía tan dolorosa con una rumba.

Sin embargo, tu disco se llama Soy Flamenco…

Porque aunque sepa apreciar otros tipos de música, en realidad yo soy flamenco. Nací en el seno de una familia gitana, de cultura musical flamenca y nunca voy a perder eso. Lo llevo de serie. Llegué al convencimiento de que para no ser flamenco me tienen que sacar la sangre de las venas y poco menos que matarme. Aún así, yo aprecio todos los tipos de música. Hay melodías fuera del flamenco que son preciosas e intento aprender lo que puedo de ellas.

¿Cómo fusionas otros tipos de música con el flamenco?

Tengo un amigo mío clásico que vive en Almeria y me lo traigo a mi casa y le digo: ¿Qué pone ahí? Léemelo todo. Y yo lo aprendo.

Así que tocas así sin leer música. Tú eres un genio…

Yo quisiera saber leer, por supuesto. A los jóvenes siempre les digo que aprendan a leer para no pasar por lo que yo estoy pasando y para poder coger una obra que te gusta y leerla sin depender de nadie. Aunque también dicen que a los que no leemos música se nos agudiza el oído y la astucias. A veces un ciego toca mejor el piano que el ve.

Has hablado muchas veces de ti mismo como ‘ciudadano del mundo’. ¿Cómo ha cambiado tu visión de la vida y la música en general después de viajar por todo el mundo?

Me ha cambiado en que le doy más valor a lo que tengo. Cuando está uno en casa y no sale todo le parece aburrido y monótono. Cuando sales dices, ¡pero qué bonita que es mi casa!

¿Cómo llevas el inglés?

¡Faaatal!

¿Qué le vas a decir esta noche al público?

Pues… ¡Buenas noches! (risas)

¿Crees que el idioma te impide comunicarte con la gente?

No mucho, creo que me expreso con la guitarra. Además, lo más importante no es decir “nice to meet you” o “adiós”, sino aprender de verdad a conectar con la gente.

Parece que tienes una tendencia a volverte más romántico con tu música en tus últimos discos.

El flamenco tiende a ser un poco “macho”, un poco agresivo a veces. Y es verdad que a la gente se le conquista a veces con la agresividad. Sin embargo, yo creo que estamos todos muy estresados y que necesitamos un poco de romanticismo. A veces no queremos mostrar esa parte por miedo a que nos vean vulnerables, pero todos la tenemos, y también se puede conquistar así al público.

En Toronto hay una pequeña comunidad flamenca, con dos escuelas de baile y gente que canta y toca la guitarra nacida aquí. ¿Qué te parece?

Me da mucha alegría. Nosotros vamos mucho a Japón donde hay mucha gente que vive el flamenco, no solo tocar, cantar y bailar flamenco, sino que hasta se peinan y se visten en estilo flamenco.

¿A qué crees que se debe este fenómeno de internacionalización del flamenco?

Yo creo que el flamenco es una de las músicas más importantes del mundo. Viene de las raíces de la tierra, viene del dolor de un pueblo. No es un música que dice “¡qué feliz que soy!”, sino al contrario. Viene de una raza marginada y con mucho dolor. Se puede comparar al jazz, una música que nace del sufrimiento de los esclavos negros en los campos de algodón.

Tanto el flamenco como el jazz se han expandido por todo el mundo porque son músicas de verdad, músicas del corazón y la verdad tiene que estar por encima de todo. Esa es la música que perdura.

 

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